EL PSICÓPATA INTEGRADO EN LAS RELACIONES DE PAREJA

El trastorno Antisocial de la Personalidad, en el DSM-V, abarca la psicopatía como espectro, hasta en un 25% de sus pacientes diagnosticados. Y de acuerdo con su ultima versión, se caracteriza de un desprecio persistente por los derechos de los demás que se manifiesta con la presencia de lo siguiente:

1) Desprecio de la ley, indicado por la comisión repetida de actos que son motivo de arresto

2) Ser engañoso, indicada por mentir repetidamente, usar alias, estafar a otros para beneficio personal o por placer

3) Actuar impulsivamente o no planificar el futuro

4) Es provocado fácilmente o agresivo, que se manifiesta con peleas físicas constantes o agresiones a los demás

5) Imprudentemente descartando su seguridad o la de los demás

6) Actuar de manera irresponsable continuamente, indicado por renuncias a un trabajo sin planes para otro o falta de pago de facturas

7) No sentir remordimiento, indicado por indiferencia o fundamentación tras herir o maltratar a los demás





La diferencia entre un psicópata criminal y un psicópata integrado, consiste en la concreta comisión de un delito, del tipo que sea -estafa, robo, cohecho, prevaricación, delito fiscal, lesiones, homicidio, asesinato, agresión sexual, etc.- puesto que, según los diversos estudios, ambos tipos de psicópatas tienen la misma estructura básica de personalidad y emociones, difiriendo en la faceta o vertiente conductual, es decir, unos son antisociales y delincuentes; otros no lo son, Incluso aun sin modificar su estructura, pueden fingirse de manera adaptativa, para poder funcionar con normalidad, como hombres de negocios, médicos, incluso psiquiatras y establecer relaciones de pareja.

El perfil del psicópata integrado, suele ser descrito como simpático, encantador o inteligente”, que suele causar una buena impresión, inspirar confianza, imitando los comportamientos y respuestas emocionales de otros individuos, que, por consecuencia, les brinda acceso el sexo opuesto. Aunque estos comportamientos sean aprendidos e interpretados de manera completamente superficial, pues internamente enfrentan trastornos que los llevan a ser autodestructivos. La hipótesis principal es que presentan un déficit afectivo que se denomina “afasia semántica”.

Por tanto, la relación de la psicopatía con el maltrato en las relaciones de pareja, persiste de forma indistinta al género, ya que esta es asexual, y señala que tienen al menos tres modos de relacionarse con otros individuos:

· El asociativo, es cuando se relacionan entre ellos, cuya tensión y equilibrio es únicamente posible mientras persistan con un objetivo en común, pues estamos hablando de un narcisismo elevado, de manera que el apegó que exista está justificado estrictamente a un fin.

· Otra manera, es tangencial, cuando el psicópata convive con una victima ocasional. Es decir, ejerce socialmente en función de una acción tipo delictiva.

· Por último, se pueden relacionar de manera complementaria, lejos del concepto victima-victimario, donde ambos participan activamente para mantener el vínculo. Se forma un circuito psicopático persistente, que permanece mientras cubra una necesidad mutua.



El complementario utiliza el escenario de la relación terapeuta-paciente, o dependencia victimaria (de acuerdo al anclaje que mantenga la relación), para transmitir necesidades propias (consientes o no) y satisfacerlas a través de las emociones irracionales en la dinámica. Por ejemplo, una persona neurótica, podría permanecer con una persona psicópata, para recrear comportamientos propios desviando su queja, aspecto de la neurosis, hacia la otra persona (el psicópata), como la justificación “yo lo provoque”, la minimización “me golpeo, pero no es nada” o la conmiseración “Cómo me hace sufrir, ¿verdad?”. Mientras que el psicópata, logré sacar ventaja de esta relación y cubrir necesidades personales, por ejemplo: el desinhibir sus represiones: es decir, realizar en la persona dependiente, lo prohibido en una relación adulta de parámetros sanos y normales.

Se establece una marcada asimetría en cuanto a la consideración del otro. El psicópata ve al otro como una cosa de su pertenencia, a su disposición y sin necesidad de una lógica que fundamente esta postura. Debe ser así y punto. El complementario se considera a sí mismo y a su pareja, como persona. No sabe que está con un psicópata. Pueden parecerle raras algunas conductas, pero no puede salir fuera del sistema para evaluar y concluir que es un psicópata. Por considerarlo un igual, es que hace el razonamiento equivocado “no entiendo por qué hizo esto, yo en su lugar...”. Y sufre pensando en un error o esperando una disculpa; quiere ser considerado por el psicópata como una persona, lo cual es una ilusión, algo imposible de lograr. No se puede comprender, empáticamente, la mente de un psicópata.

Los psicópatas subclínicos son propensos a involucrarse en conductas sexuales de riesgo y a emplear tácticas coercitivas para obtener sexo, incluyendo el uso de drogas o actos de intimidación física o verbal, utilizando el miedo y otras tácticas de manipulación para dominar y controlar a sus parejas. Emplean su característico encanto superficial, locuacidad, sus habilidades manipulativas y demás rasgos que le caracterizan para conseguir tener otras relaciones incluso teniendo pareja estable.

Pueden emplear agresiones físicas, sin embargo, resulta fácilmente detectable, debido a las consecuencias directas que pueden observarse, así que el maltrato psicológico, suele ser una técnica eficaz para mantener la dinámica por periodos largos, ya que no resultan tan evidentes. Algunas formas, como las amenazas, insultos, humillaciones o criticas lo hacen más obvio, pero existen otros tipos como la manipulación de la información o la desconsideración de las emociones que son más sutiles y de impacto subjetivo a la pareja complementaria. El concepto clave es el de patrones de interacción coactiva que trasladado al ámbito de la psicopatía se trata del denominado ciclo de manipulación psicótica, que se compone de 4 fases:

1.- Fase de acecho y seducción. En esta etapa usa la gran capacidad que tiene para encontrar y abordar a la persona a través de la seducción, para analizar sus puntos débiles de los demás y fijar objetivos.

2.- Fase de aislamiento y cosificación de la víctima. La cara amable y seductora del psicópata va desapareciendo y aparece una actitud constante de aprecio/menosprecio, buscando un solo objetivo: la dependencia de la víctima.

3.- Fase de explotación. Atacan emocionalmente a sus parejas buscando erosionar su autoestima y avergonzarlas, todo ello con el fin de aumentar el grado de control y su poder sobre ellas, y sobre todo por el mero placer de hacer daño. El psicópata subclínico no quiere en absoluto a su pareja. Solo se quiere a sí mismo.

4.- Fase de liberación, acoso y abandono.




Alpiste, Pérez, A. (2014). El psicópata subclínico: sus manifestaciones y comportamiento. Revista Jurídica: Derecho y cambio social. No. 37° Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4750872

Pozueco, Romero, J. M., Moreno, Manso, J. M., Macarena, Blázquez, L., García-Baamonde, Sánchez, E. (2013). Psicópatas integrados/ subclínicos en la relaciones de pareja: perfil, maltrato psicológico y factores de riesgo. Revista Papeles del Psicológico. Vol. 34° Pág. 32-48. Recuperado de: http://www.papelesdelpsicologo.es/resumen?pii=2169


Por:

Lucero Maribel Herrera SoriaMiembro FMCC

Lic. En DerechoPachuca, Hidalgo

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