La estigmatización de la esquizofrenia

Actualizado: feb 8


Tal parece que dentro de la sociedad no se genera sorpresa al saber que la mayor parte de la gente se siente aterrorizada por la idea de llegar a tener acercamiento con un esquizofrénico, pues lo único que su cerebro le hace procesar es información relacionada con que estas personas se encuentran trastornadas y dementes, que son individuos peligrosos, desquiciados, impredecibles e incontrolables, basándose solo en creencias retrógradas. Y quien ha tenido un papel fundamental en la creación de ese tipo de ideas son, las películas, novelas e incluso una que otra caricatura, y en general la mayoría de los medios de comunicación, los cuales han contribuido más a perpetuar los mitos acerca de esta enfermedad que para explicarla.


Además, es muy cierto que dentro de este tema abundan los errores de concepto, entre los que podemos encontrar principalmente 3:


  • El primero de ellos es en relación con que los esquizofrénicos son personas peligrosas, incontrolables e impredecibles, cuando la realidad es que muchos de estos pacientes son extraordinariamente tímidos y retraídos, y manifiestan gran preocupación por sus problemas.

  • El segundo es el de que los esquizofrénicos tienen una personalidad doble (como el doctor Jekyll y el señor Hyde), mientras que la realidad es que el desdoblamiento se manifiesta en los ámbitos emocional (afectivo) y cognitivo (razonamiento).

  • En tercer lugar, muchas personas consideran que los pacientes que sufren esquizofrenia no se pueden recuperar y, que una vez que se establece el diagnóstico de esta enfermedad, el paciente siempre será un esquizofrénico. (Furnham, 2010).


Para adentrarnos más este tema, debemos dejar principalmente claro que la esquizofrenia es un trastorno psicótico caracterizado por una alteración del razonamiento y las percepciones, los comportamientos y los estados de ánimo. Su incidencia afecta a una de cada cien personas y es la enfermedad mental de mayor gravedad. Aproximadamente la tercera parte de los esquizofrénicos necesitan el internamiento en instituciones asistenciales durante un largo período de tiempo; alrededor de la tercera parte de los pacientes muestra una remisión de su sintomatología y se puede considerar curado, y el tercio restante de los pacientes sufre períodos de crisis seguidos de períodos de «normalidad». Los esquizofrénicos son diferentes de las personas normales debido tanto a los síntomas que presentan (síntomas positivos, como por ejemplo oír voces o ver alucinaciones) como a las características de las que carecen (síntomas negativos, por ejemplo, dejar de hablar). Tienden a padecer diversos trastornos del razonamiento (razonamiento desorganizado e irracional), ideas delirantes y alucinaciones. También suelen manifestar falta de energía e iniciativas y contactos sociales. Y desde el punto de vista emocional son en muchos casos personas «planas», que muestran retraimiento y manifiestan pocos signos de placer o disfrute.


A lo largo del tiempo se ha dado una gran diversidad de explicaciones sobre las causas y la curación de la esquizofrenia, donde los investigadores y médicos se han enfocado en buscar respuestas factibles y aplicables, inclinándose más en que sea una consecuencia de alteraciones físicas y químicas localizadas básicamente en el cerebro. Pues de acuerdo con diversos estudios, los resultados obtenidos van desde la existencia de un factor genético que la provoca, existencia de alteraciones cerebrales o por un virus ubicado dentro del paciente. El tratamiento consiste sobre todo en la aplicación de medidas de tipo médico y que, por lo general, se lleva a cabo mediante el uso de fármacos neuroneurolépticos (antipsicóticos) y, en ocasiones por procedimientos quirúrgicos. Sin embargo, cabe destacar que el aspecto social también está siendo tomado como un posible factor influyente, en relación con las presiones que ejerce el mundo moderno, como cuestiones de estrés laboral, delincuencia, drogadicción, contaminación etc. Actuando con mayor intensidad sobre las personas económicamente desfavorecidas y con dificultades, por lo que son ellas las que parecen sufrir con mayor incidencia lo que denominamos «enfermedad».


Pero a pesar de que la esquizofrenia tiene una explicación, con base a estudios e investigaciones científicas, la sociedad se aferra a querer dar su propia explicación del tema, ignorando que son legos en el mismo. Dando explicaciones “morales”, donde a los esquizofrénicos se les considera personas que sufren debido a su comportamiento «pecaminoso» o problemático en el pasado. Y donde las curas van desde las exhortaciones morales simples, el control verbal del comportamiento y las técnicas de entrenamiento en habilidades sociales, hasta llegar a recurrir a medidas extremas, como son los denominados “exorcismos”, donde claramente solo se victimiza a aquellos que sufren de esquizofrenia.


Al igual dentro de la sociedad hay algunos que niegan la existencia de la enfermedad mental, oponiéndose directamente al modelo médico. Justificándose en que la enfermedad mental no es «algo que presenta la gente» sino «algo que la gente hace o que la gente es». Los diagnósticos psiquiátricos son, según este modelo, simples etiquetas de estigmatización que se aplican a las personas cuyo comportamiento ofende o molesta a los demás, y que se utilizan para el control de la actividad excéntrica, radical o políticamente peligrosa.


La esquizofrenia existe y suele tener consecuencias sociales y laborales muy serias. Los «episodios» pueden tener una duración prolongada y también pueden reincidir. En muchos casos, aunque no en todos, es una enfermedad de carácter debilitante y crónica. Pero por ello, debemos de ser conscientes de este tema y no continuar relacionando a un esquizofrénico con un peligroso delincuente que te asesinara o te contagiara con su “maldad” o con alguien que ha sido poseído por una especie de ser mágico, sí, es cierto que hay casos que merecen ser aislados, pero muchos más tienen la oportunidad de tener un control y continuar con un estilo de vida, quizás no normal, pero si aceptable, sobre todo si cuenta con el apoyo familiar y en donde nosotros como sociedad en lugar de estigmatizar, deberíamos de informarnos divorciándonos de los pensamientos e ideas atávicas.


Es cierto que aún no existe un acuerdo completo respecto a los subtipos o los «déficits» precisos en la actividad de este trastorno, a pesar de que suelen categorizarse estos déficits bajo cuatro epígrafes: cognitivos o de razonamiento; perceptuales o de visión; motores o de movimientos, y emocionales o de sentimientos, sin embargo, los investigadores siguen estudiando las causas o el origen de las áreas de «vulnerabilidad» que hacen que algunas personas desarrollen esquizofrenia. En este sentido, se están realizando estudios genéticos cada vez más sofisticados y también estudios en los que se evalúan de manera concreta las complicaciones del embarazo y de las experiencias traumáticas infantiles, el funcionamiento cerebral y las influencias familiares y culturales, además, los avances en los campos de la genética conductual y de la neurociencia han incrementado el interés por los modelos biológicos de causa y curación.


Referencias


Furnham, A. (2010). 50 cosas que hay que saber sobre Psicología (Primera edición). Barcelona, España: Ariel.



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