Repercusión del maltrato verbal en los niños.

Actualizado: ene 19

El maltrato verbal es una forma de violencia psicológica y se define como la degradación de los sentimientos de una persona, provocando que el individuo se perciba a si mismo sin valor. Este tipo de maltrato tiene un impacto emocional, que repercute en baja autoestima, ira, comportamiento destructivo y algunas imposibilidades sociales.

Como víctimas, somos especialmente sensibles a los estímulos que pueden ser interpretados como un ataque. En general, damos más importancia a los aspectos negativos de la vida que a los positivos. Por ejemplo, tras un conflicto verbal, los cumplidos y halagos realizados posteriormente no funcionan para revertir los efectos negativos.

Lo anterior tiene sentido desde una perspectiva evolucionista. Como nuestra supervivencia es lo primero, en nuestro sistema nervioso se prioriza la información relativa a las señales de peligro, o las señales de una posible situación en la que estemos en desventaja. Por eso, se ha comprobado que los insultos tienen un impacto psicológico muy superior a las adulaciones o piropos.

Del mismo modo, la memoria también almacena con mayor diligencia la información relativa a las vivencias desagradables o negativas. Esto permite que tomen en cuenta estos hechos para no repetirlos y buscar señales de peligro en el presente a partir de esos datos.

Es bastante fácil y común caer en el maltrato verbal y recaer en él una y otra vez, ocasionando que los niños y niñas víctimas de él, tengan como información de primera mano almacenada en su memoria muchos recuerdos relacionados con insultos y elementos similares.

Durante la infancia el cerebro se somete a una gran cantidad de modificaciones en poco tiempo, en los primeros años de vida se forma la autoimagen, el concepto de uno mismo que influirá en el modo en el que creamos expectativas acerca de nuestras capacidades, personalidad y posibles logros de vida.

Cuando se vive maltrato, buena parte de la información acerca de si mismo está vinculada emocionalmente a momentos desagradables, estresantes o incluso llenos de miedo. Al vivir una nueva experiencia de tensión, el contenido de esos insultos y el malestar de aquellos momentos es evocado por la memoria, son experimentados por segunda vez (normalmente menos intenso). Las victimas presentan dificultad para socializar, se encuentran desmotivados para ofrecer lo mejor de sí, se asumen como derrotados, presentan un rezago escolar y una actitud hostil, que inequívocamente va a repercutir durante la siguiente etapa en formación de su personalidad.

La infancia es una etapa de vida en la cual, las ideas son más sensibles a la influencia del entorno, y es por eso que algo tan disruptivo y violento como el maltrato verbal penetra profundamente en el pensamiento y, una vez que ha afectado al autoconcepto, es muy fácil que esa influencia se mantenga y tenga repercusiones sobre la autoestima.

Así pues, cualquier señal de un menor que se asume indeseable es magnificada y puede llegar a obsesionar al pequeño o pequeña, y algo parecido puede ocurrir al llegar a la vida adulta.

Deberíamos dar más importancia a las vivencias que, a pesar de no involucrar violencia física, comprometen la autoestima y autoconcepto de personas jóvenes. El cerebro es muy sensible a los cambios durante la primera etapa de la vida, y es por eso que el maltrato verbal compromete su funcionamiento a la hora de pensar en uno mismo.


Gómez B. (2018) Abuso Infantil: Un mal para Prevenir y Curar

Dallas Texas, Editorial: e625

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