Un crimen llamado educación



Cada año cientos de personas se gradúan en Criminología, en Criminalística o en ambas ciencias, dependiendo de la universidad es el título que se te ha de otorgar cuando cumplas con los requisitos mínimos para ser llamado “Licenciado”. Criminólogo-Criminalista, Criminólogo, Criminalista, lic. en ciencias forenses. El auge de la educación en estas áreas es notable, pero también es notable la falta de ética de muchas universidades, colegios, academias, liceos, institutos, etc., de colocar a docentes con poca o nada de experiencia a “enseñar” a las nuevas generaciones algo que poco o nada entienden o han puesto a prueba.

Abogados expertos en derechos penal puestos a enseñar criminología y todas aquellas materias con “tintes” de derecho. La educación de esta ciencia, y en general, de cualquier carrera profesional vista cómo un negocio redondo que, muy distinto a hace algunas décadas, ya no es una garantía que generara bienestar para quien haya logrado concluirla.

Carreras Universitarias accesibles, educación pública y de calidad para los todas y todas cómo un Derecho Humano, indispensable para que el ser humano alcance su plenitud y logre competir en el mercado actual, pero ¿Quién o quiénes decidieron que se tenía que competir? Profesionistas de élite, formados en escuelas que pocos pagan y que muchos desean. El mercado cada vez requiere personal capacitado para los retos que se le imponga y, que a su vez, forma profesionales con el mismo objetivo.

Clases, doctrinas impuestas en salones cerrados, con un “experto” al frente que, si bien, en la mayoría de las veces conoce a pies y puntillas de lo que está hablando, poco o nada sabe de cómo transmitir el conocimiento, de cómo contagiar la misma pasión con la cuál le fue enseñado todo lo que sabe. Clases llenas de memorización sin asimilación ni mucho menos comprensión…nivel básico tiene esa marca y pocos logran eliminarla. Pocos, muy pocos tienen esa capacidad de contagiar, de enseñar y cautivar mentes que aprendan sin interferir en su decisión sobre lo que quiere, lo que se le pida y lo que en verdad requiera. Una instrucción de cómo hacer algo es más fácil que una que enseñe a ser independiente.

Según el OCDE (Organización para la cooperación y el desarrollo económico), México tiene de los peores desempeños al momento de cuantificar el aprendizaje de ciencias, lectura y matemáticas. Se enseña a repetir y memorizar más no comprender

Las cosas empeoran cuando, tanto se le ha presionado al alumno, que solo espera en ansiado día de dejar todo atrás, el día en que se le entregue su certificado, su título o aquel documento que acredite que se pasó por un proceso de “aprendizaje” No se puede pedir mucho de un sistema educativo creado para llenar fábricas, para soportar hostigamiento y con el temor latente de que un error era merecedor de un castigo. Disciplina cómo en un convento, en silencio, sin hablar, sin expresar más que solo para responder. Tomando cómo “desviado” desobediente, mal estudiante o el desinteresado, cuando solo era el incomprendido.

La estandarización de la educación fue lo más fácil de aplicar, pero es lo que menor tiene resultados. Cada cual con una forma de aprender única y diferente, cada quien con sus fortalezas y debilidades, pasiones e intereses diferentes, con motivos diferentes.

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